martes, 4 de junio de 2013 by icarus
Siempre llega un domingo por la tarde, en las que un exitoso del milagro de la productividad descubre que ha perdido su trabajo y se percata de que todas las cualidades individuales de las cuales se creía único y exclusivo, todo aquello por los que se sentía brillante, respetado y profesional, son más vulgares de lo que pensaba.   Incluso considera que no es necesaria la hipocresía narcisista de una época en la que tenemos que estar atentos al ombligo.


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