Siempre llega un domingo por la tarde, en las que un exitoso del milagro de la productividad descubre que ha perdido su trabajo y se percata de que todas las cualidades individuales de las cuales se creía único y exclusivo, todo aquello por los que se sentía brillante, respetado y profesional, son más vulgares de lo que pensaba. Incluso considera
que no es necesaria la hipocresía narcisista de una
época en la que tenemos que estar atentos al ombligo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario