La muerte de Dios nos dio la idea de que el hombre ya no es un esclavo de los mitos y falsos valores. pero el poder sobre nuestra propia existencia nos lleva al placer: la comida, el sexo y la comodidad. Reacciones químicas sin sentido que sólo
existen para perpetuar nuestra especie sin sentido.
En ese sin sentido, nuestra conciencia, nuestro poder, lo que define a uno mismo, es completamente accidental y posiblemente innecesario.
Sería interesante ver lo que estaría haciendo nuestra especie si fuéramos irreflexivas máquinas de hacer mierda, quiza una señal de triunfo, o tal vez una marca de vergüenza.
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